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Mitigación de la sequía

La sequía es el resultado de una interacción especial entre el medio natural y el social. El hombre y la sociedad desempeñan un papel, tanto activo, como pasivo, en este fenómeno, que determina el desarrollo integral de una región.

Es obvio que los efectos de la sequía influyen no sólo en la agricultura y en la producción agrícola sino también en todos los organismos vivos, incluyendo las especies domésticas y silvestres de plantas y animales, y en los seres humanos. Esto significa que los daños se pueden producir, no sólo en los campos cultivados, sino también en los no cultivados, en zonas naturales protegidas y en la propia sociedad.

Como consecuencia existe una necesidad mundial de hallar los medios y las medidas a tomar para luchar contra los efectos dañinos de la sequía, y para crear algunos parámetros en el espacio y en el tiempo, si queremos influir en la preparación de toda la sociedad, incluyendo la política, la economía, la ecología, la justicia y la ética así como en el comportamiento individual y público, para lograr un desarrollo duradero de la sociedad.

Sin duda, en la mayoría de los países en los que la sequía se da con más frecuencia, se han utilizado diversos métodos y medidas para defenderse pero, evaluando estas medidas, se puede afirmar que, en la mayoría de los casos, o han carecido de fundamento o no han estado bien consolidadas.

La mayoría de tales medidas fueron improvisadas y los pasos para su aplicación se dieron principalmente a posteriori, en lugar de ser preventivos, y las acciones, más bien perseguían salvar el momento, logrando sólo resultados parciales. Para aprender lo más posible de las experiencias pasadas sobre las medidas de mitigación de las sequías es indispensable recoger y analizar correctamente estas medidas, y evaluarlas para llegar a la conclusión más inteligente posible.

Es un hecho comprobable que la sociedad, por lo general, se encuentra mal informada y poco preparada para afrontar una situación de sequía. El público y los responsables de la toma de decisiones tienden a ocuparse preferentemente de los problemas cotidianos y de los que más les presionan, y aquellos otros poco frecuentes o inesperados, como son los causados por la sequía, suelen contemplarse muy por encima, hasta que suceden de nuevo y, entonces, atraen la atención de todo el mundo.

Una vez pasada la sequía es frecuente que se olvide con rapidez y que se vea como algo poco probable que vuelva a ocurrir. De hecho, el comportamiento social está influido, no sólo por los hechos, sino también por los sentimientos y las creencias. Siempre se piensa que la próxima sequía (como cualquier otro desastre o peligro natural) no será tan grave como la anterior, actitud que es también común entre los agricultores y que, por desgracia, tienden a imitar los responsables de la planificación y de la toma de decisiones.

Esto puede conducir a subestimar la importancia de los conceptos para la mitigación de la sequía, así como las soluciones de los problemas resultantes de la planificación y gestión de los recursos hídricos. Para afrontar adecuadamente los problemas más críticos de la sequía es esencial planificar todas las adaptaciones, modificaciones y prácticas cuya activación pueda ser necesaria en la lucha contra la sequía.

Los componentes de un plan de preparación y mitigación de la sequías son los siguientes:

1. Valoración y previsión de los fenómenos de sequía

Una de las acciones preventivas más importantes es la predicción y todos los métodos para despertar y concienciar a la población y darle una información tan amplia como sea posible, utilizando todos los medios de divulgación.

Debería establecerse un servicio continuo de previsión de sequías en aquellos países afectados, lo que podría ayudar a los agricultores, a los especialistas en la gestión del agua y a cualquier persona interesada en alcanzar una mejor preparación para afrontar los efectos de la sequía. Los indicadores que continuamente se están determinando pueden utilizarse como base de cálculo de las ayudas gubernamentales, y de otras medidas que se adoptan para reducir los daños de las sequías.

La estrategia de la sequía debería recoger las prácticas agrícolas que se utilizan en el secano, así como los medios preventivos aplicables en la gestión del agua, en la industria, en los servicios y en el comercio.

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2. Métodos preventivos

Los métodos de prevención se pueden clasificar en tres grupos:

A) Medidas orientadas a la oferta:

Las formas más importantes de aliviar los problemas de las sequías consisten en utilizar mejor, y con mayor eficiencia, las reservas existentes, el desarrollo de nuevas fuentes de suministro y el uso de prácticas complejas, o no convencionales, para incrementar los recursos a suministrar.

Entre las medidas generales de gestión del agua para hacer un mejor uso de los recursos hídricos existentes se encuentra en primer lugar el almacenamiento de las aguas superficiales en embalses especialmente construidos para tal fin, aun cuando también son instrumentos importantes la utilización de embalses subterráneos y los trasvases o intercambios de agua entre cuencas, o dentro de una misma cuenca.

La mejora de los suministros por métodos de ahorro del agua, y, en especial, los que tienen como resultado una reducción de las pérdidas, también puede ser una medida viable, aunque, a menudo, resulte incierta.

En este terreno, lo mejor es, entre otras prácticas, revestir o impermeabilizar los canales, controlar la vegetación acuática, para reducir el consumo de agua, conservar el suelo para aumentar su capacidad de infiltración y sus rendimientos culturales, reducir la evaporación mediante una gestión de la escorrentía, aplicar prácticas de riego que ahorren agua, etc.

Dentro de la compleja mejora de los recursos de agua para el suministro se puede mencionar la interconexión y ampliación de grandes sistemas de abastecimiento, el uso conjunto de todos los recursos hídricos, y la gestión especial de la nieve y del hielo, que también forman parte de la redistribución temporal de los recursos de agua para suministro.

B) Medidas orientadas hacia la demanda:

El objetivo de las medidas orientadas hacia la demanda, para el control de la sequía, es hacer que los recursos inadecuados existentes, cualquiera que sea su cantidad, sirvan a los usuarios de la manera más eficaz posible.

Los métodos más importantes de este tipo de medidas son: la modificación de la demanda a nivel de explotación, la reducción al mínimo de las pérdidas por escorrentía, drenaje y evaporación, el cumplimiento de la asignación de las dotaciones de agua, mediante diversos procedimientos específicos, y el análisis de las experiencias extraídas de otras sequías anteriores.

c) Medidas para minimizar los impactos de la sequía:

También existen métodos para minimizar los impactos de la sequía, que se utilizan ampliamente, como son el anticiparse a que se produzca, empleando las predicciones y el análisis de datos, investigando la frecuencia y la duración de las sequías en el pasado, y realizando pronósticos y alertando al público para que la sociedad esté mejor preparada frente a tales fenómenos, lo que da como resultado acciones, conscientes y sistemáticas, que pueden ayudar a aliviar sus consecuencias.

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3. Instrumentos para reducir los daños

Existen varios métodos prácticos, principalmente desarrollados para la agricultura, que ayudan a reducir los daños potenciales de una sequía prolongada tales como el cambio y la elección óptima del uso de la tierra, la modificación de la rotación de cultivos, la selección lógica de las variedades de plantas, o los cambios en las técnicas agrícolas utilizadas.

Los procesos y actuaciones para la compleja recuperación del suelo pueden ayudar considerablemente a reducir los daños causados por la sequía en un área determinada.

Asimismo, el cultivo de plantas para obtener variedades más tolerantes a la sequía, entre las especies más importantes cultivadas en una zona, también puede ser de gran ayuda.

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4. Organización y coordinación

Dado que la sequía es un fenómeno muy complejo, la lucha contra sus impactos necesita una buena organización y una coordinación minuciosa entre las partes involucradas. La formulación de una estrategia nacional para la sequía requiere una labor multidisciplinar entre los diferentes especialistas, que no puede ser eficaz sin una buena coordinación.

La mayoría de los especialistas son conscientes de que se debería establecer una Comisión Nacional para la Sequía para la ejecución de la propia estrategia nacional. Esta Comisión podría actuar como un instrumento para la información y recomendación de un comité de valoración de los impactos, y evaluar los programas regionales y estatales disponibles para ayudar a los productores agrarios, a los municipios, ..., durante el periodo de emergencia.

La Comisión Nacional para la Sequía debería también incluir a los representantes más relevantes de los organismos competentes reconociendo la naturaleza multidisciplinar de la sequía, sus diversos impactos y la importancia, tanto del componente de la valoración, como del de la respuesta, en cualquier plan o estrategia global, y cómo éstos deberían estar integrados en los objetivos de desarrollo a largo plazo.

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5. Cooperación internacional

Puesto que ni la sequía ni los fenómenos naturales tienen en consideración las fronteras políticas, es preciso tener en cuenta las influencias de los territorios vecinos. Una buena estrategia nacional incluye unas buenas relaciones internacionales, y contar con la cooperación internacional en la lucha contra los daños causados por la sequía.

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Más información:

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